Mentira la verdad IV: Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres I - Canal Encuentro HD

Mentira la verdad IV: Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres I - Canal Encuentro HD

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[Música suave] (Conductor: Darío Sztajnszrajber) Filosofía en la calle. La pregunta que circula en una conversación infinita. [Música suave] La filosofía que vuelve a recuperar su vocación originaria. La pregunta por el porqué irrumpiendo en una plaza, en una calle, en un río. Pero, sobre todo, con el otro. [Música movida] Las obras clásicas de la filosofía diseminándose por la ciudad para que cualquiera se apropie de sus ideas y, si quiere, las incorpore para pensarse a sí mismo desde diferentes perspectivas. Pensarse por fuera del sentido común establecido: [Música movida]
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emanciparse. (Eco) Emanciparse. [Música movida] Kant no solo revoluciona las formas de concebir el entendimiento, sino que inicia una nueva justificación de la ética. En la "Fundamentación de la metafísica de las costumbres", encuentra qué define a nuestras acciones: el imperativo categórico. Actúa de tal modo que tu máxima se vuelva universal. [Sonido distorsionado] (Darío) Una vez más, gracias a todos por estar acá. En este caso nos toca analizar un texto porque, esta temporada, lo que hacemos es analizar libros clásicos de la filosofía. A Rosario le tocó la "Fundamentación de la metafísica de las costumbres" de Kant. Kant es un autor clave para entender la filosofía moderna, pero no solo se dedicó a analizar la ética.
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Se dedicó a elaborar teorías de todo un poco. Teorías sobre la historia, sobre la política, sobre la realidad, teorías metafísicas. Lo que pasa es que su ética es muy particular. (Eco) Lo que pasa es que su ética es muy particular. De alguna manera, la ética kantiana es como que se ha vuelto, a lo largo de la historia, como una de las propuestas pilares que han regido y siguen rigiendo nuestra forma de comprender el bien, nuestra forma de comprender la felicidad, nuestra forma de comprender el deber. En ese sentido, lo primero que hay que restringir o discriminar es de qué hablamos cuando hablamos de ética. (Eco) De qué hablamos cuando hablamos de ética. Por ejemplo, decimos: "Tal persona no tiene ética". (Habla portugués) (Darío) Y cuando decimos: "Tal persona no tiene ética" es porque suponemos una concepción del bien o de la corrección o de un buen comportamiento,
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pero siempre estamos suponiendo una concepción del bien. Mandamos programas grabados todo el mes, y el dinero de los contratados... (Darío) Y, al asociarla con el bien, también la asociamos con el mal. (Voz de hombre) Es una cuestión de negocios. (Eco) Y, al asociarla con el bien, también la asociamos con el mal. ¡Princesa! Lo que pasa es que restringimos la palabra ética al bien entendiendo que el mal es la negación de la ética. Esto es un asco. (Eco) Entendiendo que el mal es la negación de la ética. (Darío) No es tan así. La ética es como una disciplina teórica, si quieren. O sea, la ética es como una rama de la filosofía. En ética, hay dos grandes líneas. Una línea que pone el acento en que lo que debe hacer la ética es encontrar los fundamentos del deber. O sea, como que el sentido del ser humano es entender qué debe hacer y qué no debe hacer. Y hay otra línea mucho más llana, si quieren, más íntima, más cercana, en algún punto, que entiende que lo que tiene que hacer la ética es demostrar o fundamentar qué es la felicidad. Son como las dos grandes líneas éticas: o el valor supremo es la felicidad o el valor supremo es el deber.
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En ese sentido, se pregunta Kant, que es uno de los filósofos que más defiende la idea de que la ética tiene que ser una ética del deber. Un filósofo muy ascético, un filósofo cuya propuesta ha sido muy caricaturizada. Alemán, nace en 1724, de una familia pietista, con una educación muy religiosa. Su filosofía no es una filosofía donde haya presencia religiosa, pero, sin embargo, hay algo del dispositivo de lo religioso muy presente en su manera de pensar. Era un personaje muy particular. Se decía así, como anécdota en el pueblo, que Kant todos los días salía a dar un paseo alrededor de la plaza a las tres de la tarde. Pero que era tan riguroso en su paseo que cuando el reloj de la plaza se paró y lo tuvieron que poner en hora, esperaron a que pasara Kant y, entonces, pusieron el reloj a las tres de la tarde,
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porque era imposible que él paseara en un horario diferente al de siempre. [Tictac de reloj] Hay una famosa frase que circula sobre Kant según la cual se supone que Kant dijo algo así como: "No hace falta salir de mi habitación para conocer el universo". Porque para Kant –ahora lo vamos a ver– el universo siempre es una construcción del sujeto. Es una constitución de sentido por parte del sujeto. ¿Querés conocer el universo? Conócete a ti mismo. (Eco) ¿Querés conocer el universo? Conócete a ti mismo. Porque en el interior de tu entendimiento, de tu sensibilidad, el interior de tu ser, digamos, y de la forma en que se estructura la mente, la conciencia, el cuerpo, incluso, ya está presente casi como un molde el modo en que después vamos a poder conocer el mundo entero. [Música suave]
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Lo que reformula Kant, gente, es la idea de cómo conocemos. Kant se hace tres preguntas muy famosas que aparecen en, tal vez, su libro más importante, que es la "Crítica de la razón pura", un libro de 1781 y una segunda edición de 1787. Ahí se hace tres preguntas: [Silbido agudo] ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer? y ¿qué me cabe esperar? [Música de suspenso] O sea, "¿qué puedo saber?" es como hasta qué punto el hombre puede saberlo todo. Kant, en ese sentido, es el filósofo de la renuncia. Kant va a decir: "Tenemos que renunciar a la idea de que el ser humano puede conocer todo de modo absoluto. Comprendamos los límites de nuestro conocimiento y concentrémonos en lo que sí sabemos que podemos conocer para conocerlo a fondo. (Voz de mujer) ¡Darío! (Darío) La segunda pregunta, "¿qué debo hacer?", da origen a la ética,
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que es lo que vamos a analizar en lo que queda de la charla. Y la tercera pregunta, "¿qué cabe esperar?", habilita la esperanza religiosa, si quieren. [Pitidos de monitor cardíaco] O sea, yo puedo saber que me voy a morir..., (Voz de mujer) ¡Darío! (Darío) ...pero la certeza absoluta de la muerte... ¿Vos sos la muerte? ...es algo que se me escapa. Entonces, siempre hay una esperanza. [Pitidos de monitor cardíaco] Hay una esperanza porque siempre hay un conocimiento que nos desborda. O sea, yo sé que todos sabemos que nos vamos a morir, pero nunca lo sabremos efectivamente porque, en el segundo en que nos muramos, ya no vamos a poder saber nada porque vamos a estar muertos. Como dice la frase, "nadie muere en las vísperas". Porque siempre uno, hasta último segundo, tiene la esperanza de que la muerte no llegue. [Pitido constante] (Eco) Hasta último segundo, tiene la esperanza de que la muerte no llegue. Entonces, se habilita la pregunta "¿qué cabe esperar?".
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(Voz de mujer) ¡Darío! (Eco) ¡Darío! ¡Darío! (Eco) Entonces, se habilita la pregunta "¿qué cabe esperar?". Kant, años después, dice: "Voy a resumir estas tres preguntas en una única pregunta". ¿Cuál? "¿Qué es el hombre?". (Eco) ¿Qué es el hombre? Entonces, va a concentrar toda su reflexión filosófica en ese tema. Entender los límites del ser humano. Por eso Kant ¿de qué época es? Del iluminismo. Época en la cual hay una concentración cada vez más importante del ser humano en sí mismo y en entender cómo explica el mundo, cómo lo conoce y cómo lo transforma. Ya no se echa más mano a conceptos religiosos o dogmáticos o conceptos sin ningún tipo de crítica. Al revés. El ser humano se vuelve el centro, pero no el centro por estar en el medio, sino que se vuelve sujeto.
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O sea, todo lo que podemos decir sobre la realidad lo decimos en función de lo que el ser humano puede construir como sentido de la realidad. Kant es el primer filósofo que agarra y dice: "El ser humano no puede alcanzar nunca el conocimiento acabado del sentido de las cosas en sí mismas". (Eco) Del sentido de las cosas en sí mismas. [Música dramática] Porque siempre nuestro acceso a la realidad es a través de nosotros. O sea, yo ahora estoy viendo el cielo, por ejemplo. Todos estamos viendo el cielo. Todos podríamos definir qué es lo que estamos viendo. Todos podríamos definir conceptualmente qué es este cielo que está encima nuestro. Pero, primero, todo el mundo sabe que ninguno de nosotros podría, con cien por ciento de certeza, saber si el otro, o sea, cualquiera de nosotros que está al lado nuestro, tiene la misma percepción que yo. Si pudiese y tuviese la oportunidad de charlar con un pájaro,
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estaría medio... [Risas] en un estado alterado. El pájaro, no yo. [Risas] Supónganse que en ese diálogo con el pájaro le digo: "Che, pajarón, ¿qué estás viendo?". ¿Qué me va a decir? (Eco) ¿Qué me va a decir? Es muy probable que un pájaro tenga una percepción del cielo diferente a la que tiene el ser humano. Es muy probable que una mosca tenga una percepción muy diferente. Supónganse que existe un ángel. Cuando el ángel está observando el cielo, ¿qué percepción tiene del cielo? O sea, tengo un ángel, tengo un mosca, tengo un pájaro y un ser humano. ¿Cuál de los cuatro tiene un verdadero acceso a la realidad en sí misma del cielo? ¿Quién describe al cielo tal como es? Al cielo en sí mismo. ¿Quién lo describe? [Voces entremezcladas] ¿Ninguno?
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-¿Los cuatro? -Los cuatro. Respuesta de Kant: no existe el "en sí mismo". Pero ¿qué es lo que está pasando? ¡Esto es una locura! Claramente es una gaviota. (Darío) Es que, en realidad, lo que decimos del cielo... Yo soy ingeniero. Eso es simplemente un fragmento-- (Darío) ...es lo que vamos constituyendo sobre el cielo afectados, situados en lo que somos. ¡Vacas voladoras! ¡Lleve su diario! Todos los seres humanos –dice Kant– llegamos innatamente con una estructura corporal y racional que hace que todos, más o menos, se supone, tengamos la misma impresión de lo que es el cielo y terminemos conformando al cielo del mismo modo. ¿Por qué? Porque somos seres humanos y compartimos una misma estructura. Pero es al revés el planteo de Kant. No es que hay algo en el cielo que hace que nosotros, como espejos, estemos reflejando lo que el cielo es. Es al revés. Como todos venimos, más o menos, con la misma estructura mental y corporal, cuando enfocamos al cielo, vemos lo mismo.
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Para resumir la filosofía kantiana en relación al conocimiento, Kant es como que diría: "Las cosas no son lo que son, sino lo que somos". (Eco) Las cosas no son lo que son, sino lo que somos. Porque lo que es no es más que una proyección que hace el ser humano a partir de la estructura previa –Kant la llama "a priori"– con la que provenimos cuando nacemos. Nuestro cerebro, nuestra conciencia, nuestro cuerpo. Todo eso va constituyendo, va como conformando la realidad. (Eco) Nuestro cerebro, nuestra conciencia, nuestro cuerpo van como conformando la realidad. Lo que Kant supone, que es muy cuestionable, es esto, es que todos los seres humanos tenemos la misma estructura. Porque cuando él define esa estructura –no es el contenido de esta clase, pero cuando Kant describe esa estructura– no toma como modelo a un mapuche ni a un árabe.
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Toma como modelo al sujeto burgués europeo. Blanco y macho. Y, entonces, cuando habla de que hay una estructura igualitaria que compartimos todos los seres humanos, el modelo no deja de ser un modelo etnocéntrico, androcéntrico. Pero eso es algo que se va visualizando con el paso del tiempo. En el momento en que Kant propone esto es revolucionario. Piensen qué revolucionario es sacar el sentido de la realidad, pensando que está en la realidad, y pasarlo a la subjetividad. Es muy fuerte. O sea, el celeste no es una propiedad del cielo para Kant. Para Kant, el celeste surge del vínculo entre el ser humano y eso que se supone que es el cielo. (Voz de hombre) Todo empezó hace una semana, más o menos, un día en que yo volví del trabajo y ella no estaba. (Darío) Lo que hace Kant es lo siguiente. Hace la siguiente vuelta.
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Kant lo que dice es: "Claramente, como somos conscientes de que nuestro conocimiento es condicionado, entonces, aspiramos a lo incondicional". (Eco) Entonces, aspiramos a lo incondicional. Típica reacción humana. ¿Cómo te fue ayer con las chicas? -Bien, ¿por? -Se te ve bien, parecés contenta. Siendo conscientes los seres humanos de que tenemos límites, lo único que queremos es sobrepasar ese límite. Alicia anda en algo. [Risa] (Darío) Y, siempre que sobrepasamos ese límite, siempre que lo hacemos, nunca alcanzamos conocimiento porque el conocimiento solo se va dar dentro de los límites de lo posible. (Voz de hombre) Yo ya estaba decidido. Quería conocer la verdad. Rubén, ¿estás bien? Pero eso no significa que no tengamos la capacidad, la potencialidad de ir por todo. Eduardo, Alicia me está engañando con otro tipo. (Darío) Lo que hay que hacer es entender que cuando traspasamos los límites de nuestro conocimiento,
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lo que estamos haciendo es hipotetizar, conjeturar, pero no conocer. (Todos) ¡Feliz cumpleañooos! [Vítores, gritos] (Riendo) Ay, qué boludo. Salvo –dice Kant– hay un único lugar donde encontramos, donde nos sentimos en contacto con el absoluto. Perdón, pero yo me tengo que ir. Ya me cambié. ¿Dónde? En la conciencia moral, dice Kant. (Voz de hombre) Rubén, ¿estás bien? ¡Falucho! (Darío) ¿Qué es la conciencia moral? La voz de la conciencia. [Disparos] (Eco) La voz de la conciencia. La voz de la conciencia. ¿Todos tienen conciencia moral? ¿Todos tienen voz de la conciencia? ¿Qué es la voz de la conciencia? Es ese conocimiento previo que todos tenemos acerca de lo que está bien y lo que está mal. Kant realmente cree que, en el fondo-- Es más, dice, en un momento: "Hasta un niño sabe"-- Dice en la "Fundamentación de la metafísica de las costumbres":
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"Hasta un niño sabe lo que está bien y lo que está mal". Podemos no hacerlo, pero lo sabemos. La conciencia moral es algo, digamos, que existe en nosotros de manera absoluta, que todos la tenemos y todos, en el fondo, más allá de cómo definamos, que es todo otro tema, sabemos previamente cuando estamos haciendo algo bien y cuando no. [Música suave] Si alguien me da dinero y me dice: "¿Te puedo pedir un favor? Te doy esta cantidad de dinero. Dásela a mi familia, por favor. Necesito que me hagas ese favor. Llevale este dinero a mi familia". Y, en el momento en que me da la plata, al otro día, esa persona pum, se muere. Y no hay ningún registro ni vestigio de que yo haya recibido ese dinero. O sea, si yo me quedo con esa guita, no hay manera de que se pruebe
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que esa plata es de esta persona que se murió y que me la dio. Si yo me quedo con esa plata, estoy haciendo algo malo porque no me pertenece. Y mi conciencia moral me avisa. Levante la mano quién se quedaría con esa plata. [Risas] No funciona la demagogia acá. [Risas] Les agrego. Supónganse que los familiares de esta gente sean unas porquerías de personas..., (Todos) ¡Ah! (Darío) ...sean ultramillonarios, no la necesiten, ¿está bien? Y, aparte, los odiemos por un montón de motivos. [Risas] Supónganse que ustedes son hinchas de Newell's y esta gente es de Rosario Central, o al revés. Con esto que yo acabo de agregar, ¿cambiarían la respuesta? -¡Sííí! -¡Nooo!
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[Risas] No se entendió un pomo lo que es la conciencia moral, entonces. Inclusive en ese caso, inclusive en ese caso, si yo me quedo con la plata, estoy obrando mal. (Eco) Estoy obrando mal. Y para Kant esa conciencia moral es la conciencia del deber. O sea, repito: no significa que nosotros, por eso, hagamos las cosas como se debe, pero podemos ir constituyendo idealmente qué es lo que debemos hacer. La ética no habla del ser de las cosas, habla del deber ser. Por eso, la ética kantiana es muy clara cuando trata de explicar lo que es el bien y el mal y se pelea con todos los posicionamientos o explicaciones más, supuestamente, científicas, que, por ejemplo, intentan explicar que el hombre es bueno o malo por naturaleza en términos biológicos o psicológicos o sociológicos.
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La ética no tiene que ver con la psicología. La ética tiene que ver con el deber, con un imperativo. O sea, en la naturaleza hay leyes que rigen los fenómenos naturales. Pero las leyes morales no tienen nada que ver con los fenómenos de la naturaleza. Es más, les voy a decir. La ética nos saca de la naturaleza. Incluso cuando obramos éticamente, estamos yendo, muchas veces, en contra de nuestras inclinaciones naturales, como en el caso este. Yo me quería quedar con la guita. Y, si se la termino dando a la familia, estoy yendo en contra de mi naturaleza, de mi deseo, de mi ambición o de lo que sea. Pero es muy importante separar el ser del deber ser. (Eco) El ser del deber ser. Todos sabemos lo que está bien y lo que está mal, aunque no lo hagamos. Pero ese saber nos marca –dice Kant– y, en todo caso, nos regula. Uno, de última, elige.
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Tiene la libertad de poder obrar éticamente o no. (Eco) De poder obrar éticamente o no. Con la conciencia moral, se comienzan a delinear los fundamentos de lo que va a ser la ética kantiana. Pero esta concepción ética se encuentra absolutamente ligada a la concepción general que de la realidad y del sujeto tiene Kant. Por eso, comprender cómo Kant conoce el mundo nos lleva, directamente, a poder desarrollar su posición sobre la ética. La ética kantiana se pelea con las concepciones usuales sobre la felicidad y establece la prioridad de una ética del deber. Esa ética del deber, muy propia del sujeto ilustrado, va a ser el contenido de la "Fundamentación de la metafísica de las costumbres", el libro en el que Kant desarrolla su posición ética. [Música de cierre: "Para Elisa", L. V. Beethoven, por Babel Orkesta]

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