Millennials in Medicine: Doctors of the Future | Daniel Wozniczka | TEDxNorthwesternU

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Language: Spanish

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Traductor: Patricio Perretta Revisor: Lidia Cámara de la Fuente Tengo algo que confesar. Durante años he tenido este oscuro secreto, durante toda mi vida, en realidad, que no le he contado a nadie. Pero aquí y ahora, creo que estoy listo para confesarlo. Aquí va: Mi secreto es que soy un milénico. Lo sé, es terrible. Es lo peor. ¿En qué estaba pensando al decidir convertirme en milénico? (Risas) Ya me siento mejor ahora que les dije esto. Los milénicos son una generación nacida entre la década de los 80 y principios de la década del 2000, pero esa definición es prácticamente lo único en lo cual hay acuerdo acerca de nuestra generación. Aun así, seguramente escucharon muchas ideas negativas y estereotipos acerca de nosotros. Quizás hayan oído que somos narcisistas o que nos creemos con derecho a todo, que somos holgazanes o dispersos,
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que somos adictos a nuestros teléfonos y nos obsesionan los filtros de Instagram. Puede que algo de eso sea cierto, pero no se habla mucho de lo positivo. Como ya sabemos, los estereotipos no dicen todo acerca de una persona, y mucho menos acerca de una generación compuesta por millones. Dicho esto, permítanme presentarme formalmente. Soy el Dr. Daniel Wozniczka. Mis pacientes me llaman "Dr. Dan". Eso pasa cuando tienes un apellido polaco difícil de pronunciar. Tengo 29 años y en unos días terminaré mi residencia de medicina interna. También estoy por terminar dos maestrías: una en Administración de Empresas y otra en Salud Pública. También soy investigador médico. He publicado artículos en revistas revisadas por pares. Y más allá de la medicina también soy emprendedor. Soy asesor experto para algunas empresas emergentes de asistencia médica. Por último, he trabajado como cabildero del Congreso, lo cual es exactamente lo que se imaginan,
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en nombre del ACP, el Colegio Americano de Médicos. Me han enviado a Washington, DC, y he conversado con congresistas y senadores acerca de diferentes temas de salud. Menciono todo esto porque algunas de mis actividades realmente resaltan el lado positivo de toda nuestra generación. Por ejemplo, los milénicos son la generación más formada que hemos tenido en EE.UU. También somos la generación más diversa. Y, como era de esperarse, somos los que mejor manejan la tecnología. Pero hay una característica positiva en particular de la cual no se habla. Tiene que ver con el trabajo. Se les puede hacer una pregunta muy sencilla a los milénicos: "¿Qué quieres lograr en tu profesión?". Su respuesta puede parecer simple, pero es profunda. Todos responderán que quieren marcar una diferencia. Quieren cambiar el mundo, quieren innovar. Y esa es una mentalidad hermosa para comenzar una profesión. A medida que avancemos, este impacto impulsará a los milénicos.
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La gente siempre me pregunta: "¿Cómo es ser médico?". Siempre les respondo lo mismo: "¡Me encanta la medicina! No podría dedicarme a otra cosa". Yo era ese niño que en el jardín ya sabía que iba a ser médico. Quiero contarles una historia acerca de por qué me gusta tanto la medicina. Hace unas semanas, un paciente ingresó en mi hospital, muy enfermo. Tenía una infección en ambos pulmones. La infección había llegado al flujo sanguíneo, así que estaba enfermo por todas partes. Tenía algo llamado shock séptico. Su respiración era tan difícil que la única forma para poder respirar era con un tubo que le pusimos en su boca, por la garganta, hasta sus pulmones, así una máquina respiraba por él. Su presión arterial empezó a caer en picado. Una presión arterial saludable es alrededor de 120/80; la de este hombre era de 50/30 y seguía cayendo. Tuve que darle un medicamento llamado vasopresor para lograr subir su presión. Para eso, tuve que ponerle un catéter en la vena yugular,
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empujarlo más hacia su subclavia e incluso más hacia el borde de su corazón. Pero no funcionó bien; su presión seguía cayendo. Ante mis ojos, su corazón dejó de latir. Fallecía. Pero no nos detuvimos. Una de mis enfermeras literalmente saltó encima de él y empezó a hacerle compresiones. Conseguimos un carro de paro, tomamos las dos paletas, las cargamos hasta 600 voltios de electricidad, las pusimos en su pecho, y tal como se ve en la televisión, le dimos una descarga. Funcionó. Su corazón empezó a latir de nuevo. Literalmente lo resucitamos. Unas semanas después, ese mismo tipo fue al casamiento de su hija y pudo llevarla del brazo el día de su boda. Por cosas como esa me encanta la medicina. Solo he sido médico tres años, pero tengo cientos de historias como esa. Pero aunque me encanta la medicina, no me encanta mi trabajo.
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Suena contradictorio, pero no lo es. Nadie habla de cómo es el trabajo diario de un médico y de cómo una gran parte del trabajo no tiene que ver con la medicina. Por ejemplo, me paso horas por día, todos los días, completando documentos y formularios. Por cada hora que me ocupo de un paciente, paso dos horas completando formularios. El motivo es bastante simple: esos formularios son entregados a una compañía aseguradora, y según estos formularios la compañía aseguradora reembolsará al hospital, le pagará. Y realmente no importa si hiciste un gran trabajo con ese paciente; si ese formulario no se completa meticulosamente, con todos los detalles necesarios, el hospital obtiene menos del reembolso, o nada. Paso horas por día con formularios. Pero esa es probablemente la peor parte de mi trabajo. Tras diagnosticar y tratar a mi paciente, tengo que navegar por las compañías de seguros
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para asegurarme de que mis pacientes obtengan los medicamentos que necesitan. Como sabemos, un paciente que no puede pagar sus medicamentos es un paciente que no los tomará. Me parte el corazón. Tengo pacientes que vienen a verme al hospital por segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta vez exactamente por el mismo motivo porque no pueden conseguir sus pastillas. Y no son solo las pastillas. Tengo que pasar horas averiguando a qué cirujano puedo enviar al paciente, o a qué centro de diálisis, a qué asilo. Horas de mi día. Así es el trabajo de médico hoy en día. A nivel nacional, las cosas se complican incluso más. Todas estas diapositivas que van a ver son de la Fundación Familiar Kaiser. La cantidad que EE.UU. paga por PBI para la asistencia médica es astronómica, más alta que en cualquier otro país. Y lo que obtenemos no solo no es mejor, sino que a veces es peor. Quizás estén pensando que esto siempre fue así. Así es el sistema estadounidense. En realidad no.
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Porque hasta los años 80 lo que pagábamos estaba a la par de Canadá, el Reino Unido, Europa. Estos sistemas artificiales lo han cambiado recientemente. El futuro, tristemente, como pueden ver aquí... es incluso peor. En las décadas venideras, lo que nuestra nación pagará por gastos de Medicare se va a disparar. Podría prácticamente llevar a toda la nación a la quiebra. Todas estas presiones, tanto en el trato diario con el paciente como a nivel nacional, generan más estrés para los médicos en un trabajo que ya es estresante. Literalmente tomamos decisiones de vida o muerte. Así que estas nuevas presiones, tanto si son nuevas métricas de calidad, que a los médicos les digan que vean más pacientes en menos tiempo, pasar más tiempo completando formularios. A los cirujanos les dicen: "Tienen que realizar esas operaciones más rápidamente y atender algunos casos más". Todo esto tiene un costo, y no financiero.
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Ahora mismo tenemos una epidemia de médicos que se suicidan. Cada año en EE.UU., perdemos entre 300 y 400 médicos que se quitan su propia vida. En promedio, es un médico por día. Una clase entera de graduados desaparece cada año. Pero nadie habla de esto. ¿Quién corre mayor riesgo? La médica mujer. Una médica mujer tiene 2,3 veces más probabilidades de suicidarse que una mujer en la población general. Así es la medicina en estos días. Hubo un estudio genial publicado en Medscape en 2012. Les hicieron a 24 000 médicos una pregunta sencilla: "Si pudieras volver en el tiempo y cambiar de profesión, sabiendo lo que sabes ahora, ¿elegirías nuevamente la medicina o harías algo diferente?". ¿Saben los resultados?
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El 54 % de los médicos dijeron que seguirían con la medicina. La mitad de nosotros o no puede o no quiere seguir con esto. Esa es la triste verdad de la cual nadie habla. Entonces, ¿qué hacemos ahora? ¿Qué van a hacer los milénicos? ¿Qué va hacer un médico de 29 años, recién licenciado? Mi respuesta es al mismo tiempo increíblemente sencilla y muy compleja. Luchamos contra el sistema. Luchamos por nosotros mismos, nuestras familias y nuestros pacientes, por las generaciones venideras. Y quiero decirles cómo exactamente lo vamos a hacer. Los que estamos aquí ahora probablemente no pensemos que el hospital es una empresa, ¿cierto? Bueno, quédense tranquilos porque en nuestra sociedad capitalista hay mucha gente que hace justamente eso. Toda empresa necesita un jefe, un director ejecutivo. ¿Qué pensarían Uds. de un profesor de baloncesto que nunca hizo un tiro de salto? ¿Y de un director que nunca dio clases ? ¿Y de un jefe de una firma de automóviles que no sabe manejar?
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Esperaríamos poco de esta gente, ¿no? Pero eso es lo que hemos hecho durante décadas. Las personas que dirigen nuestros hospitales no saben nada de medicina. Los dirigen como cualquier otro negocio, miran hojas de cálculo en Excel, maximizan las ganancias. Hubo un estudio que comparó esto, publicado en la revista Social Science & Medicine, en 2011. Compararon todos los hospitales dirigidos por empresarios corrientes con los pocos dirigidos por médicos con alguna capacitación en negocios. Los hospitales dirigidos por médicos, en casi todas las métricas que teníamos, ya sea el costo de la atención, errores médicos, duración de la estancia, etc. en casi todas las métricas, superaron al otro tipo de hospitales en un 25 % o más. Sorprendente, ¿no? En realidad no, pero eso es lo que hemos hecho durante décadas. A nivel nacional, es incluso peor. Las personas que elaboran nuestras leyes de asistencia médica tampoco son médicos. Tenemos 435 personas en la Cámara de Representantes
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y 100 en el Senado. 535 en total. ¿Me creerían si les dijera que solo el 3 % de ellos son médicos o científicos? Pero son las personas que elaboran nuestras leyes, a pesar de lo polémica que ha sido la asistencia médica durante las últimas décadas. Ese impacto que los milénicos lograrán, esa ambición de cambiar al mundo, no vendrá de la medicina misma. Vendrá del sistema que tenemos. Ahora mismo, tenemos la revolución del médico capacitado en negocios, el surgimiento del médico con Maestría en Administración de Empresas. Hace 15 años, había 30 facultades de medicina que ofrecían ambos títulos juntos. ¿Y hoy? El número se ha duplicado a 65. El motivo es obvio: las facultades de Medicina saben que no solo tenemos que entrenar nuevos soldados para las trincheras; tenemos que entrenar a nuevos generales.
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De aquí en adelante, los milénicos lograrán hacerse cargo de la administración de los hospitales, dirigir hospitales, ser emprendedores en el negocio de la medicina, entrar en la política y elaborar leyes que tengan sentido para nuestro país y no nos lleven a la quiebra. De esta manera la siguiente generación de médicos cambiará la asistencia médica. Salvarán vidas y salvarán la asistencia médica. Quiero terminar hablando directamente a algunos de los milénicos más jóvenes porque, sí, soy milénico, tengo 29 años, pero soy de los más viejos. Y en unos días terminaré mi residencia y mis Maestrías en Administración de Empresas y en Salud Pública. Muchos milénicos que estén viendo esto probablemente tengan entre 18 y 20 años. Si son así de jóvenes y quieren ser médicos, tienen muchos años de capacitación y educación por delante. Cuatro años de facultad, cuatro años de facultad de Medicina y al menos tres años de residencia. Quiero hablarles directamente a Uds. un momento. Porque la generación anterior les va a decir:
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"La medicina no vale la pena. No te hagas médico. La medicina ha cambiado". Van a oír eso. Yo estoy aquí para decirles lo contrario. La medicina es absolutamente fantástica, ¿de acuerdo? Nadie tiene un mejor trabajo que el que dedica su vida a salvar la vida del prójimo, se los aseguro. No me importa si estás escalando montañas o buceando al fondo del océano. No me importa si eres un músico que llena conciertos en todos lados. Ni siquiera me importa si eres un astronauta que viaja al espacio. Nadie tiene un mejor trabajo que quien se dedica a salvar vidas. Necesitamos que mentes jóvenes, dotadas, inspiradas y creativas entren en medicina, no que se les disuada de hacerlo. Y es un hermoso momento para entrar, porque nosotros seremos la generación que cambie la medicina, que mejore el sistema. Los problemas que tenemos en medicina no son inherentes al cuidado del paciente; son sistemas artificiales de generaciones pasadas. No permitan que nadie les disuada de su sueño de convertirse en médico.
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Quiero terminar con esta cita. Es una cita que me ha inspirado durante muchas noches que pasé estudiando sin dormir en la facultad de Medicina. Me ha inspirado durante un montón de turnos de 24 horas en mi residencia, y espero que siga inspirándome mientras me esfuerzo por lograr el impacto que nuestra generación quiere alcanzar. La cita es esta: "Los que estamos lo suficientemente locos para creer que podemos cambiar el mundo, somos los únicos que tienen la posibilidad de lograrlo". Muchas gracias. (Aplausos)

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