TOSCA Puccini – Teatro Real

TOSCA Puccini – Teatro Real

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03:53
¡Ah, por fin! ¡Alocado por el terror, veía policías por todas partes! La pila... la columna... "Al pie de la Virgen", me ha escrito mi hermana. ¡Aquí está la llave, y también la capilla! ¡Siempre hay que limpiar! Cada pincel está más mugriento que el alzacuello de un cura. Señor pintor... ¡Vaya! No hay nadie. Yo habría jurado que el caballero Cavaradossi ya había vuelto. No. Me he equivocado. La cesta está intacta. Angelus Domini nuntiavit Mariae... ¿Qué estás haciendo? Estoy rezando el Ángelus. ¡Santo Cielo, su retrato! -¿De quién? -De aquella desconocida que ha venido a orar aquí estos últimos días.
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¡Qué devoción! ¡Cuánta piedad! ¡Es verdad! Y ella oraba con tanto fervor, que he pintado su bello rostro sin que ella se enterase. ¡Aléjate de mí, Satán! Pásame mis pinturas... ¡Misteriosa armonía de bellezas diferentes! Floria, mi ardiente amante es morena... ¡Deja a los santos en paz! ¡Y tú, bella desconocida, coronada con tu rubia cabellera
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y tus ojos son azules! ¡Los ojos de Tosca son negros! ¡Deja a los santos en paz! El Arte, con su misterio, mezcla a las diferentes bellezas. Pero pintando este retrato, sólo pienso en ti... ¡En ti, Tosca! ¡Con esos perros volterianos, enemigos de la Santa Sede, no vale la pena discutir! ¡Bromea con los criados y deja a los santos en paz!
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¡Qué tropa de impenitentes! Hagamos, mejor, nuestro signo de la cruz. -Excelencia, me marcho. -Como quieras. Le cesta está llena. ¿Hace usted penitencia? -No tengo hambre. ¡Cuánto lo siento! Cierre bien cuando se vaya. -¡Vete de aquí! -Sí. ¡Aquí hay alguien! ¿Usted? ¡Cavaradossi! ¡Es Dios quien le ha enviado! ¿Acaso no me reconoce? La prisión me ha transformado mucho. ¡Angelotti! ¡El cónsul de la difunta República Romana! -He huido del Castillo Sant'Angelo. -Cuente usted conmigo. -¡Mario! -¡Ocultaos! Es una mujer celosa. Un instante, me desharé de ella. -¡Mario! -¡Aquí estoy! Estoy exhausto. Hay comida y vino en esta cesta.
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-Gracias. -¡Deprisa! -Gracias. -¡Deprisa! ¡Mario! ¡Mario! ¡Aquí estoy! -¿Por qué está cerrado? -Me lo ha pedido el sacristán. -¿Con quién hablabas? -¡Contigo! También murmurabas. ¿Dónde está ella? -¿Quién? -Esa mujer. He oído pasos y el frufrú del vestido. -¡Estás soñando! -¿Lo niegas? ¡Lo niego y te amo! ¡Ante la Virgen! No, Mario. Déjame, antes que nada, que le rece y le ponga flores.
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Escúchame. Esta noche canto, pero el espectáculo es breve. Espérame tras el escenario y luego iremos a tu casa. ¿Esta noche? Es el plenilunio. Y el perfume nocturno de las flores embriaga los corazones. ¿No estás contento? -Mucho. -Dímelo nuevamente. -Mucho. ¡Lo dices mal! ¿Acaso no sueñas con nuestra casita oculta en el verdor, que nos espera?
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¿Nuestro nido secreto, sagrado para nosotros, henchido de amor y de misterio? A tu lado, oír ascender hacia el silencio de las estrellas la voz de la naturaleza. Por la noche, de los bosques, de los matorrales, y del fondo de las viejas tumbas que huelen a tomillo, provienen los dulces ecos del amor y los consejos pérfidos que ponen lánguidos los corazones. ¡Floreced, campos inmensos!
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¡Palpitad, brisas marinas, en el claro de la luna! ¡Bóveda estrellada, derrama tu voluptuosidad! Un loco amor enardece a Tosca. ¡Te he atrapado en mis redes, sirena mía! Un loco amor enardece a Tosca. Sirena mía, iré. ¡Amor mío! Ahora, déjame trabajar. -¿Me echas? -Es un pedido urgente. Me marcho. ¿Quién es esta rubia mujer?
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-María-Magdalena. ¿Te gusta? -Es demasiado bella. ¡Precioso elogio! ¿Te hace reír? Ya he visto aquellos ojos azules... Hay tantos en el mundo. Espera... -¡Es la Attavanti! -¡Bravo! -¿Se ven? ¿Ella te ama? ¿La amas? -¡Ha sido mera casualidad...! Esos pasos, esos susurros... Ella ha estado aquí hace un momento. -¡Ven aquí! -¡La descarada! ¡Hacerme eso, a mí! La vi ayer, por mera casualidad.... Ella vino a rezar. Sin que se enterara, he hecho un retrato de ella. -¡Júralo! -¡Lo juro! -Cuán fijamente me mira... -Ven aquí... -Ella se burla de mí. -¡Qué locura!
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¡Ah, esos ojos! ¿Qué ojos en el mundo pueden compararse a los tuyos, tan oscuros, tan ardientes? Todo mi ser se sumerge en ellos. Tiernos ojos en el amor, bravos en la ira. ¿Qué ojos en el mundo pueden compararse con tus ojos negros? Cuán bien sabes hacerte amar...
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Pero... ¡píntale los ojos negros! -¡Celosa mía! -Sí, lo sé. Te atormento sin parar. -Celosa mía... -Estoy segura de que me perdonarás... Sí, estoy segura de que me perdonarás ...si ves cuánto sufro. ¡Tosca, que adoro, todo en ti me encanta: -tus bruscas cóleras... -Estoy segura de que me perdonarás. y tus arrebatos amorosos!
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Repite esas palabras que me tranquilizan. Querida alma inquieta, siempre diré: "¡Floria, te amo!". Serena tu alma. Siempre diré: "¡Te amo!". ¡Dios! ¡Qué sacrilegio! Me has despeinado. Ahora ve, déjame. Trabaja bien hasta esta tarde. Y prométeme que, pase lo que pase, rubia o morena,
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ninguna mujer vendrá a rezar aquí. Lo juro, amor mío. -¡Cómo me apremias! -Otra vez... -Perdóname. -¿Ante la Virgen? Es tan buena. ¡Pero píntale los ojos negros! Tosca tiene buen corazón, pero no le oculta nada a su confesor. Por eso callo. Era más prudente. -¿Estamos solos? -Sí. -¿Qué pensáis hacer? -O dejar el Estado, o quedarme en Roma, oculto. Mi hermana... -¿La marquesa Attavanti? Ella ha escondido ropa de mujer aquí, debajo del altar:
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un vestido, un chal, un abanico. Cuando anochezca, me pondré esa ropa. -Ahora comprendo... ¡La prudencia, la oración ferviente de una mujer tan joven y tan bella, habían hecho que creyera en algún amor secreto! Ahora lo entiendo. Era el amor de una hermana. Ella se ha atrevido a todo para salvarme del canalla de Scarpia. ¡Scarpia! ¡Ese beato sátiro que explota su lujuria libertina con prácticas piadosas! Se vale de sus talentos lascivos para ser confesor y verdugo. ¡Aunque me cueste la vida, os salvaré! Pero es peligroso esperar el crepúsculo. Temo la luz del día.
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Detrás de la capilla, un sendero de cañaveral lleva a mi villa. -La conozco. -Aquí está la llave. Iré con vos antes de que anochezca. Llevad esta ropa. ¿Debo ponérmela? Por ahora, no. No hay nadie en el camino. Adiós. Si hay algún peligro, ocultaos en el pozo del jardín. En mitad del pozo, hay un pasadizo estrecho que lleva a un oscuro escondite. Es una guarida inaccesible y segura. -¡El cañón del castillo! -¡Han descubierto vuestra fuga! ¡Scarpia soltará a sus esbirros! -Adiós. -¡Os acompañaré! -¡Estemos alertas! -¡Oigo a alguien! ¡Lucharemos, si es necesario! ¡Sumo júbilo, Excelencia! ¡Ya no está! ¡Qué pena! ¡Quien atormenta a un impío, se gana una indulgencia!
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¡Todo el coro aquí! ¡Rápido! -¿Dónde? -¡En la sacristía! -¿Qué ha pasado? -¿No lo sabéis? Bonaparte, el bellaco... -¿Y bien? -¡Le han desollado, aplastado y arrojado a Belcebú! -¡Es un sueño! ¡Es una broma! -¡Es la verdad! -¡Acaban de anunciar la noticia! -¡Hay que festejar la victoria! Esta noche, desfile de antorchas y concierto de gala en el Palacio Farnesio. Floria Tosca cantará una nueva cantata. ¡Y en las iglesias, himnos a la gloria del Señor! ¡Id a vestiros, y en silencio! -¡En la sacristía! -¡Doble paga! ¡Tedeum! Gloria! ¡Festejemos la victoria! ¡Esta noche, desfile con antorchas! ¡Viva el rey! ¡Tedeum, Gloria! ¡Semejante alboroto en la iglesia!
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¡Qué poco respeto! Excelencia, las noticias... Preparaos para el tedeum. -Tú, quédate. -¡No me muevo! Tú, busca en todo lugar para hallar hasta la más mínima pista. Vigila las puertas, sin levantar sospechas. Ahora te toca a ti. Mide muy bien tus palabras. Un prisionero se acaba de fugar del Castillo Sant'Angelo. -Se ha escondido aquí. -¡Misericordia! Quizás aún esté aquí. ¿Dónde está la capilla de los Attavanti? Aquí está... ¡Abierta! ¡Por todos los santos! ¡Y hay otra llave! Es un buen indicio. Entremos... El cañonazo ha sido un grave error. ¡El bribón se ha echado a volar! Pero ha dejado una prenda preciosa,
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¡un abanico! ¿Quién ha sido el cómplice de su fechoría? ¡La marquesa Attavanti! Su blasón... ¡Su retrato! ¿Quién ha pintado este lienzo? El caballero Cavaradossi. Él... ¡Cielos! ¡La cesta! ¡Él! ¡El amante de Tosca! ¡Un hombre sospechoso! ¡Un volteriano! -¡Está vacía! -¿Qué dices? Hemos hallado esta cesta en la capilla. -¿Sabes de quién es? -Por cierto. -Es la cesta del pintor, pero... -¡Habla! Yo la había dejado llena de manjares exquisitos... -Era el almuerzo del pintor. -Sin duda ha almorzado. ¿En la capilla? Él no tenía la llave y no quería comer, según me ha dicho. Yo la había puesto en un lugar seguro.
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(Libera me Domine...) Ahora todo está claro. Las provisiones del sacristán se las ha comido Angelotti. ¿Tosca? Que no me vea. ¡Para causar la pérdida de un celoso Yago tenía un pañuelo, yo, un abanico! -¡Mario! ¡Mario! -¿El pintor Cavaradossi? ¿Quién sabe dónde está? Se ha esfumado, como por arte de magia. ¿Me habrá engañado? ¡No! ¡No! Él no ha podido engañarme. Divina Tosca, mi mano espera su manita, no por galantería, sino para ofreceros agua bendita.
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Gracias, señor. Qué noble ejemplo es el vuestro, obtenéis el cielo llena de santo celo, inspirada por vuestra fe. ¡Sois muy amable! Las mujeres pías son escasas. Actuáis en el escenario de un teatro, pero venís a orar a la iglesia. ¿Qué queréis decir? Y no sois una de esas descaradas que, aparentando ser María Magdalena, vienen aquí por sus intrigas de amor. ¿Qué? ¿Una intriga? ¡Las pruebas! ¿Es esto una herramienta de pintor? -¡Un abanico! ¿Dónde estaba? -Sobre el andamio.
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¡Sin duda, alguien ha perturbado a los amantes, y al huir, la paloma ha perdido sus plumas! ¡La corona! ¡El blasón! ¡Es la Attavanti! ¡Lo presentía! ¡Ha surtido efecto! Y yo, que venía tristemente a decirle que anochecerá en vano. Su Tosca enamorada está prisionera... El veneno ha hecho su trabajo.
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prisionera de las fiestas reales. Ya le ha atacado el veneno. ¿Qué os ofende, dulce señora? Una lágrima rebelde desciende por vuestras mejillas y las humedece. ¿Qué os ha puesto tan triste? ¡Nada! ¡Daría mi vida por enjugar esas lágrimas! Me muero de dolor, mientras se burla de mí en los brazos de otra.
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Muerde el veneno. ¿Dónde están? ¡Si pudiera prender a esos traidores! Esta sospecha... La villa alberga dobles pasiones. ¡Traidor! ¡Mi bello nido amancillado! ¡La cogeré por sorpresa! ¡No será tuya esta noche, lo juro! ¡En la iglesia! Dios me perdonará. Él ve mis lágrimas. Tres hombres, un coche, rápido. Seguidla a donde vaya. -Sin ser vistos... ¡Estad atentos! -Bien. ¿Dónde nos reuniremos?
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¡En el Palacio Farnesio! Ve, Tosca. Scarpia anida en tu corazón. Scarpia ha dado alas al halcón de tus celos. ¡Cuán prometedora es tu pronta sospecha! Scarpia anida en tu corazón. Adjutorum nostrum in nomine Domini... Tengo dos objetivos a la vez. Y la cabeza del rebelde no es el más precioso. ¡Ver la llama de estos ojos imperiosos
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extasiarse de amor en mis brazos! Extasiarse de amor. Uno, a la horca; la otra, a mis brazos. Te Deum laudamus... ¡Tosca, me haces olvidar a Dios! Te aeternum Patrem omnis terra veneratur !
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Tosca es un buen halcón. A estas horas, mis dos sabuesos seguramente han apresado a sus presas. Mañana, el alba verá pender a Angelotti y al bello Mario. -¿Tosca está en el palacio? -Un chambelán ha ido a buscarla. Abre. Es tarde. La Diva no ha llegado aún para la cantata. Están tocando gavotas. Tú esperarás a Tosca en la entrada. Le dirás que la espero cuando acabe la cantata. O mejor... Le entregarás esta nota. Ella vendrá por amor por su Mario. Por amor por su Mario, ella se entregará a mi deseo.
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Así es la profunda miseria de los grandes amores. Una conquista brutal sabe mejor que un consentimiento melifluo. No me gustan los suspiros y poco me apego a las lechosas albas lunares. No sé tocar acordes de guitarra ni leer el futuro en las flores, ni poner ojos de pez, ni arrullar como una torcaza. Persigo la cosa deseada. Me sacio y luego la tiro, y me dirijo a una nueva presa. Dios ha creado tantas bellezas como vinos. Quiero degustar
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sin freno la obra divina. -Spoletta ha vuelto. -¡Llega justo! ¿Cómo estuvo la caza? (¡San Ignacio, ayúdame!) Hemos seguido a la dama hasta una pequeña villa oculta en la maleza. Ella entró allí, y luego se marchó rápidamente, sola. Saltamos el muro del jardín. Entramos en la casa. ¡Felicitaciones, Spoletta! He husmeado, rascado, registrado... -¿Y Angelotti? -¡inhallable! ¡Perro! ¡Traidor! ¡A la horca! ¡Cielos! -El pintor estaba ahí. -¿Cavaradossi? Él sabe dónde se oculta el otro. ¡Su tono y su actitud traicionaban tanta ironía -que le he detenido! -¡Menos mal!
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Está allí. Haced que pase el caballero. Que vengan Roberti y el Juez. ¡Cuánta violencia! Le ruego que se siente. -Quiero saber... -Siéntese. -Permaneceré de pie. Como quiera. -Sepa usted que un prisionero... -¡Su voz! ¿Sabe usted que un prisionero se ha fugado del Castillo Sant'Angelo? -Lo ignoraba. -Dicen que usted le ha proveído de comida y ropa. ¡Mentiras! Y que usted le ha llevado a una casa suya, en el campo... -¡Lo niego! ¿Qué prueba tienen? -Un súbdito fiel...
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Vaya al grano. ¿Quién me acusa? En vano, vuestros esbirros han registrado mi casa. -¡Eso demuestra que está bien escondido! -¡Sospechas de espía! Él reía mientras registrábamos. ¡Y aún me río! ¡Este es un lugar de lágrimas! ¡Tened cuidado! ¡Basta ya! ¡Responded! -¿Dónde está Angelotti? -No lo sé. ¿Niega usted haberle dado comida? -Lo niego. -¿Y ropa? ¿Y asilo bajo vuestro techo? ¡Lo niego! Piénselo bien. Vuestra testarudez es insensata. Una rápida confesión os evitará muchos tormentos.
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Os sugiero que confeséis. ¿Dónde está Angelotti? -No lo sé. -Por última vez... ¿Dónde está? No lo sé. -¡Que penda de una cuerda! -¡Aquí está! Mario, ¿tú, aquí? ¡No digas nada de lo que has visto o me matarán! Mario Cavaradossi, el juez espera vuestro testimonio. Primero que nada, las formas habituales, y luego... como yo diga. Hablemos entre nosotros, como buenos amigos. Alejad de vos ese aire consternado. No siento ninguna consternación. ¿La historia del abanico? Un arrebato estúpido de celos. ¿Así que la Attavanti no estaba en la villa?
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-No, él estaba solo. -¿Solo? ¿Estáis segura? Nada se les escapa a los celosos. ¡Él estaba solo! -¿De verdad? -¡Solo, sí! ¡Cuánto furor! Parece que tuvierais miedo de contradeciros. Sciarrone... ¿Qué dice el caballero? -Lo niega. ¡Insistamos! ¡Oh, es inútil! Ya veremos, señora. Entonces, para complaceros, ¿debería mentir? No, pero la verdad acortaría un momento muy penoso para él. ¿Penoso? ¿Qué queréis decir?
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¿Qué está pasando en aquella habitación? -Se ha de respetar la ley. -¿Qué pasa? Atado de pies y manos, vuestro amante tiene un aro de hierro en las sienes... Tras cada negativa aprietan, y la sangre salpica... ¡No es verdad! ¡Perverso demoniaco! ¡Él gime! ¡Piedad! Su salvación depende de vos. Bien. ¡Que paren! ¡Sciarrone, parad! -¿Del todo? -Del todo. Y ahora, la verdad... -¡Quiero verlo! -¡No! ¿Aún te torturan? ¡No, ten coraje! ¡Calla!
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Desdeño el dolor. ¡Vamos, Tosca, hablad! No sé nada. ¿Esta prueba no ha sido suficiente? ¡Roberti, prosigamos! -¡No! ¡Parad! -¿Hablaréis? ¡No! ¡Monstruo, lo torturas! ¡Lo matas! Vos lo torturáis más con vuestro silencio. -¿Te ríes de ese horrible suplicio? -¡Nunca, Tosca había sido tan trágica! ¡Abrid las puertas! ¡Qué ella oiga sus alaridos! ¡Os desafío! -¡Más fuerte! -¡Os desafío! -¡Confesad! ¿Qué digo? -¡No sé nada! ¿Debería mentir? -¿Dónde está Angelotti?
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¡Decid! ¿Dónde se esconde? ¡No puedo más! ¡Qué horror! ¡Cesad este martirio! ¡Es demasiado el sufrimiento! ¡No puedo más! Mario, ¡déjame hablar! ¡No, no! Escucha, no puedo más. Tonta, ¿qué sabes? ¿Qué puedes decir? ¡Hacedlo callar! ¿Qué os he hecho? ¡Es a mí a quien torturáis de esta manera! ¡Torturáis
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mi alma! En el pozo... en el jardín. -¿Angelotti está ahí? Sí. ¡Basta, Roberti! -Se ha desmayado. -¡Asesino! Quiero verlo. ¡Traedlo! -¡Floria! -¡Amor mío! ¿Eres tú? ¡Cuánto has sufrido, alma mía! ¡Pero el justo Dios lo castigará! Tosca, ¿has hablado? No, amor mío. -¿De verdad? -No. En el pozo del jardín... Ve, Spoletta... ¡Me has traicionado! ¡Maldita seas! -Excelencia, ¡qué noticias! -¿Qué significa este aire consternado?
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-¡Un mensaje de derrota! -¿Qué derrota? -¡En Marengo! -¡Imbécil! -¡Bonaparte ha vencido! -¿Y Melas...? -¡Ha huido! ¡Victoria! ¡Victoria! ¡El alba vengadora hace que tiemblen los opresores! ¡La libertad ha vencido! ¡La tiranía se desmorona! ¡Calla, Mario! ¡Ten piedad de mí! ¡Del sufrimiento de mi martirio me verás dichoso! ¡Apresúrate a revelarme tu alma culpable! -¡Condenado, el cadalso te espera! -¡Verdugo! ¡Vos no! ¡Salvadle! ¿Yo? ¡Vos! Mi pobre cena ha sido interrumpida. ¿Tan abrumada? Venid, bella señora. Sentaos. Busquemos juntos una manera de salvarlo.
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Entonces, sentaos y charlemos. ¿Un sorbo de vino? Es vino de España. Un sorbo para que os recobréis. -¿Cuánto? -¿Cuánto? ¡Tu precio! Es cierto que dicen que soy venal, pero no me vendo a una bella mujer por dinero. No me vendo a una mujer bella por dinero. Si he de traicionar mi fe, quiero otra recompensa.
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¡Esperaba este momento! Ya me consumía el amor por la Diva. Pero ahora te miro como nunca te había visto. Tus lágrimas hacían arder mis sentidos. Tu mirada ardiente de odio atizaba mi deseo. Ágil como el leopardo, abrazaste a tu amante. En ese instante, me he jurado que serías mía.
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¡Mía... sí, te haré mía! -Prefiero arrojarme al vacío. -¡Tu Mario me queda en prenda! ¡Miserable! ¡El horrible comercio! No voy a violentarte. Puedes marcharte si quieres, te lo aseguro. Pero tu esperanza es engañadora. La Reina concedería su gracia a un cadáver. ¡Cómo me odias! ¡Así te quiero! ¡No me toques, demonio! ¡Te odio, abyecto! ¿Qué importa? ¡Espasmos de furor, espasmos de amor! -¡Infame! -¡Socorro! ¡Ayuda!
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¿Oyes? Se acerca el tambor. Éste conduce a la última escolta de los condenados. El tiempo pasa. ¿Sabes qué oscura obra se lleva a cabo allá? Preparan el cadalso. Por tu deseo, a tu Mario le queda tan solo una hora de vida. He vivido del arte, he vivido del amor, nuca le he hecho daño a nadie. Discretamente he aliviado cuantas miserias he conocido.
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Con una fe siempre sincera, mi oración ha ascendido hacia el altar. Con una fe siempre sincera, he llevado flores al altar. En esta hora de dolor, ¿por qué, Señor, por qué me lo retribuyes así? He dado mis joyas para el manto de la Virgen. He dedicado mi canto a los astros,
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para que brillen aún más en el cielo. En esta hora de dolor ¿por qué, Señor, por qué me lo retribuyes así? Ves. Te imploro, con mis manos unidas. Vencida, espero una sola palabra de ti. Eres demasiado bella, Tosca, y demasiado amante. Cedo. Por un mísero precio
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me pides una vida, y yo te pido un instante. ¡Vete, me das asco! ¿Quién está ahí? Excelencia, Angelotti se ha suicidado cuando estábamos llegando. ¡Que lo cuelguen muerto de la horca! -¿Y el otro prisionero? -¿El caballero Cavaradossi? Todo está listo, Excelencia. -¡Que Dios me ayude! ¡Espera! ¿Y bien? -Escucha... -Lo quiero libre, al instante. Hay que fingir. No puedo agraciarlo abiertamente. Todos han de dar por muerto al caballero. -Este hombre se encargará de ello. -¿Quién me lo asegura? Le doy la orden delante de vos. Spoletta, cierra. He cambiado de parecer. El prisionero será fusilado. Espera. Como hicimos con el Conde Palmieri...
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-Una ejecución... -...simulada... Como lo sucedido con Palmieri. -¿Has comprendido? -Lo he comprendido. Quiero avisarle yo misma. Está bien. La dejarás pasar. Recuerda, a las cuatro... Sí. Como Palmieri. -He cumplido mi promesa. -Todavía no. Quiero un salvoconducto, para huir del país con él. -¿Queréis, entonces, marcharos? -¡Sí, para siempre! Si eso deseáis. -¿Y qué camino escogeréis? -El más corto. -¿Civitavecchia? -Sí. ¡Tosca, por fin eres mía! -¡Maldita! -¡Este es el beso de Tosca! ¡Ayuda! ¡Me muero!
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-¿Tu sangre te ahoga? -¡Socorro! -¡Muerto por una mujer! -¡Ayuda! -¡Me has torturado demasiado! -¡Socorro! ¿Me oyes aún? ¡Habla! ¡Mírame! ¡Soy Tosca! ¡Ayuda! -¿Tu sangre te ahoga? -¡Socorro! ¡Muere, entonces, condenado, muere! Está muerto. Ahora, lo perdono. ¡Ante él, toda Roma temblaba! "Te doy "tantos suspiros "como hojas "que se lleva el viento".
01:47:46
"Tú me desprecias. Mi corazón se rompe. "¡Linterna de oro, me haces morir!". ¿Mario Cavaradossi? Tomad. Os queda una hora. Un sacerdote está a vuestra disposición. No, pero os pido un último favor. Si puedo... Dejo en este mundo a una persona querida. Permitid que le escriba una palabra. Solo me queda este anillo. Si me prometéis entregarle mi último adiós,
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esto es vuestro. ¡Escribid! Las estrellas brillaban. De la tierra emanaba su olor, la puerta del huerto rechinaba. Unos pasos rozaban la arena. Ella entraba, fragante. Caía en mis brazos. Dulces besos, caricias suaves, mientras que, estremeciéndome, yo liberaba su cuerpo de sus velos. ¡Mi sueño de amor ha desaparecido para siempre! Aquel tiempo se ha acabado.
01:57:30
Muero desesperado. ¡Y nunca he amado tanto la vida! "Salvoconducto para Floria Tosca y para el caballero que la acompaña". -¡Estás libre! -Scarpia... ¿Scarpia ha cedido? Esta es su primera clemencia. -¡Y la última! -¿Qué has dicho? Quería tu sangre o mi amor. Fueron vanos mis lágrimas y ruegos. En vano, loca de horror, imploré a la Virgen y a los santos. El monstruo decía que el patíbulo ya estaba listo. Los tambores redoblaban. El monstruo reía, dispuesto a atrapar a su presa.
02:00:08
"¿Eres mía?". "Sí", me prometí a sus deseos. Cerca resplandecía una hoja. Escribió el documento liberador. Luego se acercó para el inmundo abrazo, y le clavé el cuchillo en el corazón. ¿Tú...? ¿Le has matado con tu propia mano? ¿Tú, tan piadosa, tan bondadosa, y por mí? Mis manos estaban manchadas con sangre. Oh, dulces manos, tiernas y puras, manos hechas para hacer el bien,
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para acariciar a los niños y coger rosas, para rezar contra la desdicha. ¿Es en vosotras, endurecidas por el amor, que la justicia ha puesto su espada sagrada? ¡Vosotras habéis dado muerte, oh, manos victoriosas! Dulces manos... Dulces manos... Escucha, se acerca la hora. Tengo oro y joyas. Un coche está presto.
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Pero antes, ríe, amor mío, antes serás fusilado pero con armas cargadas sin balas. Un simulacro de ejecución. Cuando disparen, cae. Los soldados se marcharán... ¡Y nosotros estaremos a salvo! Luego a Civitavecchia, un barco... ¡y nos haremos al mar! ¡Libres! ¡Huiremos por el mar! ¿Quién sufre aún en la tierra? ¿Sientes el perfume de las rosas? ¿No te parece que todas las cosas
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esperan al sol con amor? La muerte me era amarga solo a causa de ti. Por ti, la vida recobra todo su esplendor. Mi alegría y mi deseo nacen de ti, como el calor nace de la llama. En tu mirada veré fulgurar y oscurecerse los cielos. Solo de ti la belleza tomará su voz y su resplandor. El amor, que te ha salvado la vida, será nuestro guía en la tierra y en el mar, haciendo que el mundo sea aún más bello ante nuestros ojos.
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Hasta que unidos en las estrellas nos disolvamos, así como encima de las olas se disipan las nubes al ponerse el sol. No vienen. ¡Cuidado! Cuando disparen, debes caer inmediatamente. No temas. Caeré al instante y con naturalidad. Procura no lastimarte. Con escénica ciencia, sabré hacerlo. Háblame nuevamente, como hace un momento. El sonido de tu voz es tan dulce.
02:07:25
Unidos y satisfechos, esparciremos nuestro amor por el mundo, en una armonía de colores y de cantos. Triunfante, nuestra alma palpita con una nueva esperanza en un ardor siempre creciente, y se levanta en un armónico vuelo hasta el éxtasis del amor. Tus ojos cerraré con mil besos. Te diré mil nombres de amor. -Es la hora. -Estoy listo. Recuerda, al primer disparo, ¡te arrojas al suelo! -Sí.
02:08:53
-No te levantes hasta que yo te llame. -Sí, amor mío. ¡Y cae bien! -Como Tosca en el teatro. -No te rías. -¿Así? -Así. ¡Qué larga es la espera! ¿Por qué tardan tanto? Ya está saliendo el sol. ¿Por qué tardan tanto? Es una comedia, lo sé, pero mi angustia me parece eterna. Están preparando sus armas. Qué bello es mi Mario. ¡Vamos, muere bien! ¡He aquí un verdadero artista! ¡Mario, no te muevas! Se marchan. ¡Calla! Se van, están bajando. ¡No te muevas todavía! ¡Rápido! ¡Levántate! ¡Mario! ¡Vámonos!
02:11:38
¡Levántate! ¡Muerto! ¡Terminar así! ¿Tú? ¿De esta manera? ¡Scarpia apuñalado! -¡Es Tosca! -¡Que no huya! -¡Allí está! -¡Tosca, pagarás muy caro su muerte! -¡Con la mía! ¡Scarpia, ante Dios!

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