Apostasy in Our Midst - Episode 4 - New Theology - Part III

Apostasy in Our Midst - Episode 4 - New Theology - Part III

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A lo largo de la historia, Dios ha comunicado su voluntad a través de individuos selectos llamados profetas. Esos hombres y mujeres fueron llamados al momento preciso para guiar al pueblo de Dios. Una persona tal fue llamada poco después del gran chasco del 1844, cuando muchos estaban desilusionados y necesitaban ser reconfortados. En un día cualquiera, cinco mujeres se unieron para orar. Mientras estaban arrodilladas ante el altar familiar, el poder de Dios descendió sobre una joven de 17 años, y fue llevada en visión. Se llamaba Elena Harmon. Después de su matrimonio, fue conocida como Elena de White. En su visión, estaba rodeada de luz, y entonces se vio subiendo más y más alto sobre la tierra. Cuando quiso ver el pueblo adventista, no lo hallaba. Fue entonces que oyó una voz que le dijo que mirase más arriba.
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Entonces, ella alzó la vista y vio un sendero recto y angosto, elevado sobre la tierra. Allí ella vio al pueblo adventista en camino a la ciudad celestial. Cuando salió de la visión, los creyentes de esa área se sintieron animados y fortalecidos. Durante los siguientes 71 años, Elena de White sirvió a Dios fielmente como su mensajera designada. El Ministerio Para Mi Pueblo Presenta La Apostasía en Nuestro Medio Episodio 4: La Nueva Teología – 3ª Parte Hasta luego, Isabel. Está bien, Ernie. Gracias. Hasta luego. Adiós. Fue aquí en Elmshaven donde Elena de White vivió los últimos 15 años de su vida. En 1915, fue al descanso, pero sus palabras viven en muchos libros, artículos y cartas que escribió durante el curso de su ministerio. Como muchos
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de los profetas de Dios, Elena de White experimentó mucha oposición. Un ejemplo de esto viene del caso de Urías Smith. En 1888, el Señor envió a su iglesia el precioso mensaje de la justificación por la fe a través de E. J. Waggoner y A. T. Jones. Elena de White dio su testimonio de apoyo a la veracidad del mensaje; sin embargo, hombres dirigentes, como Urías Smith, endurecieron sus corazones y rechazaron el mensaje y el testimonio de Elena de White. Él y otros la acusaron de haber sido influenciada por Jones y Waggoner. “Cuando declaré mi fe claramente, hubo muchos que no me entendieron, y ellos reportaron que la Hna. White había cambiado; que la Hna. White había sido influenciada por su hijo, W. C. White, y por A. T. Jones. Por supuesto que una declaración tal de los labios de los que me habían conocido por años, de quienes habían crecido con el mensaje del tercer ángel
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y habían sido honrados con la confianza y fe de nuestro pueblo, debe ejercer una influencia. Llegué a ser el tema de comentarios y críticas, pero ninguno de nuestros hermanos vino a mí para preguntarme nada ni para pedir ninguna explicación mía”. La angustia que experimentó Elena de White durante estos momentos difíciles la afectó más que aun la muerte de su esposo. “He amado al hermano Smith casi como a mi propio esposo e hijos, porque hace tantos años que él ha tenido que ver con la obra. He estimado mucho al pastor Butler. Pero esos hombres me han dejado sola, esos hombres a quienes el Señor ha hablado varias veces que debieran estar unidos en una unión muy estrecha con mi esposo y conmigo hasta el fin del tiempo. No puedo describir cuánta tristeza y angustia de espíritu me han causado. Sufrí la muerte de mi esposo, ¡oh, sólo Dios sabe cuánto!, pero he sentido el cruel comportamiento de estos hombres
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hacia la obra que Dios me ha dado para hacer, más profundamente que la muerte de mi esposo”. Smith, Butler y otros habían llegado a un punto donde estaban haciendo la obra de Coré, Datán y Abiram. Su rebelión contra la profetisa de Dios llevó a otros a la incredulidad. “Al decir que la Hna. White fue influenciada por W. C. W., A. T. Jones, y E. J. Waggoner, ha sembrado una infidelidad que ha sido fomentada y ha producido frutos. Una oposición categórica me hubiese causado menos daño. Una falta de fe, como la que ha sido presentada en los mensajes que Dios me ha dado para llevar, equivale a una incredulidad categórica”. Es importante notar que ellos no rechazaron todos los escritos de Elena de White. Ellos todavía creían que ella había sido guiada en el pasado. Lo que rechazaron era su respaldo de Jones y Waggoner en cuanto a su punto de vista sobre la justificación por la fe y la ley en Gálatas.
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Al hacer esto, ella los acusó de haber anulado el efecto de los testimonios. “Habéis rehusado mis testimonios que el Señor me ha dado para vosotros de igual manera como os habéis esforzado por anular su efecto, tal como hicieron Coré, Datán y Abiram. Habéis hecho esto, y así queda registrado contra vosotros en los libros del cielo. Siento por vosotros la compasión más tierna. Si al hacerlo pudiese salvar vuestras almas, entregaría mi vida a la tortura y la muerte. Pero vosotros tenéis la experiencia de otros que han andado por el mismo sendero en el cual habéis colocado vuestros pies. Habéis repetido la historia de los que han despreciado los consejos y anulado el efecto de los testimonios”. En una situación parecida ella escribió: “Muchas veces en mi experiencia he sido llamada a hacer frente a la actitud de cierta clase de personas que reconocieron que los testimonios eran de Dios pero que tomaban la posición de que este asunto y aquel tema correspondían a la opinión y al juicio de la Hna. White.
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Esto se acomoda a los que no quieren el reproche y la corrección y cuando sus ideas son contradichas tienen ocasión de explicar la diferencia entre lo humano y lo divino. Si las opiniones preconcebidas o las ideas particulares de algunos son contradichas al ser reprendidas por los testimonios, definiendo lo que es el juicio humano de la Hna. White y lo que es la Palabra de Dios. Cualquier cosa que sostenga sus ideas acariciadas es divina, y los testimonios que corrigen sus errores son humanos: son las opiniones de la Hna. White. Anulan el efecto del consejo de Dios con su tradición”. ¿Cuán cierto es esto? No es extraño que individuos se opongan abiertamente a Elena de White cuando contradice sus propias ideas. Oímos excusas como: ella no era teóloga; la Biblia es nuestra única fuente de la verdad; o ella no era infalible. Pero a esas
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mismas personas les gusta citarla cuando concuerda con sus propias opiniones. Otro engaño parecido es la idea de que no todo lo que escribió Elena de White fue inspirado. Muchos están dispuestos a aceptar sus libros publicados, pero creen que sus cartas y otros escritos consistían de sus propias opiniones. Pero, nótese lo siguiente: “Cuando fui a Colorado, estaba tan agobiada por Vds. que, en mi debilidad, escribí muchas páginas para que se leyeran en vuestro congreso. Débil y temblorosa, me levanté a las tres de la mañana para escribiros. Dios hablaba mediante la arcilla. Podríais decir que esta comunicación era sólo una carta. Sí, era una carta, pero impulsada por el Espíritu de Dios para presentaros cosas que me habían sido mostradas. En estas cartas que escribo, en el testimonio dado, os presento lo que el Señor me ha presentado. No escribo un solo artículo en la revista que exprese meramente mis propias ideas.
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Son lo que Dios ha desplegado ante mí en visión: los preciosos rayos de luz que brillan del trono”. Elena de White comprendía la responsabilidad de su llamado. Dijo ella, “Hablo de lo que he visto, y de lo que yo sé que es verdadero”. Cuando algún tema no le había sido revelado, ella solía decir, “Yo no tengo luz sobre el tema”. En una carta dirigida a Urías Smith, el 31 de diciembre de 1890, ella predijo que llegaría un momento cuando, debido a la influencia de Satanás, se despertaría odio contra sus escritos. “Se encenderá un odio satánico contra los testimonios. La obra de Satanás será perturbar la fe de las iglesias en ellos por esta razón: Satanás no puede disponer de una senda tan clara para introducir sus engaños y atar a las almas con sus errores si se obedecen las amonestaciones y reproches del Espíritu de Dios. Usted, mi hermano, un maestro en Israel,
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no pudiera haber hecho nada mejor de lo que ha hecho para complacer al enemigo y contristar al Espíritu de Dios”. Las palabras de Elena de White deben haber hecho un impacto profundo en Smith, porque ocho días más tarde, el 8 de enero de 1891, él confesó su error y se propuso en su corazón nunca más dudar de su llamado. Pero, el daño ya había sido hecho. Al acusarla de haber sido influenciada por Jones y Waggoner, y al elegir lo que él deseaba creer, había guiado a otros a rechazar completamente sus escritos y su llamado. Veintiocho años más tarde, sólo cuatro años después de su muerte, Satanás desató un ataque doble a sus escritos, tanto dentro como fuera de la iglesia, que llegaría hasta nuestros días. En julio de 1919, se publicó el libro de D. M. Canright, “Life of Mrs. E. G. White” cuyo propósito era destruir la fe en el Espíritu de Profecía
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y en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En el mismo mes, se celebró el Congreso Bíblico del 1919 en Takoma Park, Washington, D.C. Satanás usó el libro de Canright como un ataque directo, frontal a Elena de White, mientras que simultáneamente sentó las bases para socavar su llamado directamente en el corazón de la obra. Asistieron los dirigentes de la Asociación General, incluyendo el presidente de la Asociación General, A. G. Daniells, W. W. Prescott y F. M. Wilcox, y los mejores eruditos de la iglesia en ese entonces. Al final del congreso, el 30 de julio de 1919, comenzaron a discutir si los escritos de Elena de White habían sido inspirados verbalmente. Durante la discusión, A. C. Lacey comentó lo siguiente: “Al considerar el Espíritu de Profecía, ¿no es su valor para nosotros más bien la luz espiritual que brilla en nuestros corazones y vidas,
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que su exactitud intelectual en asuntos históricos y teológicos? ¿No sería mejor aceptar esos escritos como la voz del Espíritu a nuestros corazones, en vez de considerarlos como un maestro para nuestras mentes? Y la prueba final del Espíritu de Profecía, ¿no es, acaso, su valor espiritual más bien que su exactitud histórica”? Hoy en día oímos comentarios parecidos sobre el Espíritu de Profecía. Los partidarios de la nueva teología dicen que aceptan a Elena de White, pero sólo como buen material devocional que nos habla al corazón. En lo que toca a asuntos teológicos, rápidamente dicen que ella no era teóloga. En respuesta a una pregunta en cuanto a la autoridad del Espíritu de Profecía, esto fue lo que respondió A. G. Daniells: “Bueno, pues, según yo entiendo las cosas, la hermana White nunca dijo que era una autoridad sobre la historia, y nunca dijo que era una maestra dogmática de teología. Ella nunca bosquejó un curso de teología, como el libro de enseñanza de la Sra. Eddy.
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Ella simplemente presentaba trozos de declaraciones, pero dejaba que los pastores y los evangelistas y los predicadores resolviesen todos estos problemas de las Escrituras y de la teología y de la historia”. Si este argumento es acertado, uno fácilmente podría decir que Elena de White no fue una profetisa porque nunca dijo que lo era. El mismo argumento se podría aplicar a muchos de los escritores bíblicos. ¿Cuántos de ellos eran teólogos? Moisés nunca afirmó ser un historiador. ¿Quiere decir eso que su recuento de la historia no es acertado ni confiable? Daniells, Prescott y los que asistieron al congreso, todos afirmaban que creían en los escritos de Elena de White, pero como Smith eligieron lo que deseaban creer. En otras palabras, anularon el efecto de los testimonios. Los mismos asuntos en torno al Congreso Bíblico de 1919 todavía existen hoy. En una entrevista del Dr. Desmond Ford titulada “Reflexiones en el Adventismo”, él afirmó:
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“Mi teología no es controvertida para la mayoría de los eruditos ASD, pero sí lo es para los tradicionalistas acérrimos cuyo tiempo para el estudio y las investigaciones está limitado por su disposición y habilidades. A partir de Glacier View, los voceros de la iglesia han hecho concesión tras concesión en áreas que en 1980 se consideraban herejes. Por ejemplo, la iglesia ahora enseña oficialmente que la naturaleza humana de Cristo era inmaculada; que en esta vida es imposible que los pecadores logren la perfección; que el anticristo es céntrico a las profecías del juicio en Daniel 7 y 8; que en Daniel 8:14, la palabra ‘purificado’ es una mala traducción; que la palabra ‘días’ tampoco aparece en el original hebreo del mismo versículo; que la expiación SÍ ocurrió en la cruz; que cuando Cristo ascendió, SÍ entró en el equivalente del
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‘lugar santísimo’ y no en 1844; que el terremoto de Lisboa, el día oscuro y la caída de las estrellas en 1833 no constituyen un cumplimiento de la profecía bíblica; que Elena de White no era teóloga, nunca dijo que era infalible y dependía de fuentes defectuosas para formular sus doctrinas; que Elena de White defendía la Biblia como la única regla para la fe y la vida; que ella rehusó ser un árbitro en la interpretación de las profecías, etc., etc.”. De la misma manera como en 1919 Daniells y Lacey afirmaban que Elena de White no era una teóloga, Ford afirmaba en 1999 que la mayoría de los eruditos Adventistas del Séptimo Día mantienen la misma idea. Ellos creen que en lo que toca al entendimiento de las Escrituras, no se pueden usar los escritos de Elena de White para apoyar su interpretación. Esto no es nada nuevo; porque en 1903, Elena de White había escrito:
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“Una cosa es cierta: los adventistas del séptimo día que adoptan su posición bajo la bandera de Satanás, primero abandonarán su fe en las advertencias y reproches contenidos en los testimonios del Espíritu de Dios”. Ciertamente, Ford y cualquiera que haya sembrado duda sobre Elena de White para mantener sus ideas erróneas ha probado que ella fue una profetisa verdadera. En un episodio de “Conversemos”, le preguntaron a Jan Paulsen, el antiguo presidente de la Asociación General, ¿Es correcto que se cite Elena de White en vez de la Biblia? Nótese su respuesta: “Si intentamos presentar verdades espirituales, o si se trata de un punto discutido en cuanto a cosas espirituales, la Biblia es nuestro punto de referencia. Si deseamos, podemos incluir otros escritores (y cualquiera que posea el don profético genuino debiera tener una calificación alta entre ellos). Pero debemos comprender que estos no son la fuente de nuestras creencias. El consejo de la misma Elena de White nos hace tomar la Biblia como nuestro
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estudio principal y apelar a ella como nuestra fuente de verdades espirituales”. La respuesta de Paulsen era correcta e incorrecta, y eso es lo que hace que su respuesta sea tan engañosa. Es cierto que la Biblia es la fuente de las verdades espirituales. Y cuando se presentan esas verdades a individuos fuera de la iglesia, deberíamos usar solamente la Biblia. Pero él no mencionó que los escritos de Elena de White White fueron inspirados por el mismo Autor de la Biblia, y cuando se trata de disputas sobre las doctrinas dentro de la iglesia, allí se señalan las verdades que tiene la Biblia. Cuando no se consulta el Espíritu de Profecía en situaciones como éstas, es probable que entren errores a la iglesia. En 1890, Elena de White escribió de una situación cuando alguien supuestamente había descubierto nueva luz. Cuando ella le explicó que él estaba equivocado, su consejo fue rechazado. “El enemigo ha hecho esfuerzos magistrales para perturbar perturbar la fe de nuestro pueblo en los testimonios,
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y cuando estos errores llegan afirman que prueban todas las posiciones por medio de la Biblia, pero ellos interpretan mal las Escrituras. Hacen aseveraciones atrevidas como las hizo el pastor Canright, y aplican mal las profecías y las Escrituras para probar falsedades. Y, después que los hombres han hecho su obra para debilitar la confianza de nuestra iglesia en los testimonios, destruyen la barrera para que que la incredulidad con respecto a la verdad se extienda ampliamente; y ninguna voz se eleva para detener la fuerza del error. Esto es precisamente lo que Satanás se propuso que ocurriera, y los que han estado preparando el camino para que la gente no prestara atención a las advertencias y los reproches de los testimonios del Espíritu de Dios, verán que una ola de errores de toda clase aparecerán. Pretenderán que usan las Escrituras como evidencia, pero los engaños de Satanás prevalecerán en toda forma”. Ésta es una advertencia seria sobre lo que debemos esperar
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cuando se hace caso omiso de los escritos de Elena de White. No debería extrañarnos que tantos hayan sido engañados por la nueva teología. Satanás es muy astuto. Él sabe que si ataca directamente el Espíritu de Profecía, la mayoría de los Adventistas del Séptimo Día no sería engañada; de manera que logra su propósito haciéndonos pensar que no se puede usar el Espíritu de Profecía para identificar la verdad. En 1890, Elena de White advirtió: “El último engaño de Satanás consistirá en anular el efecto del testimonio del Espíritu de Dios. “Sin profecía el pueblo será disipado” (Proverbios 29:18). Satanás trabajará ingeniosamente, con métodos distintos e instrumentos diferentes, para perturbar la confianza del pueblo remanente de Dios en el testimonio verdadero”. verdadero”. Entonces, ¿cómo le va a Elena de White en el mundo actual? ¿Se ha cumplido su predicción? Ya hemos visto cómo el antiguo presidente de la Asociación General,
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Jan Paulsen la relegó al estatus de ‘otros’ escritores.Sin embargo, él no es el único que considera el Espíritu de Profecía de esa manera. Podríamos ver ejemplo tras ejemplo de cómo se ha anulado el efecto de sus escritos. Pero, nos basta con unos pocos para señalar cuántos individuos en posiciones de responsabilidad están perturbando la confianza en el Espíritu de Profecía. En 2001, la revista Adventist Review por internet publicó un capítulo del libro de Keavin Hayden titulado, “Life Styles of the Remnant” “¿Qué dice la Biblia en cuanto al uso de las joyas? La iglesia tiene una historia larga de afirmar que la Palabra de Dios condena las joyas, pero ¿es ésa la verdad? ¿O será que nuestras opiniones en contra de las joyas han sido derivadas más bien de conceptos que, con el paso del tiempo, se han convertido en una tradición de nuestra iglesia”? Entonces, él menciona que cualquiera que lea los escritos de Elena de White
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se dará cuenta de la posición que ella tomó en cuanto a las joyas y los adornos. Entonces, él escribe: “En realidad es de ella, y no de las Escrituras, que históricamente la iglesia ha hallado su mejor defensa para su posición firme sobre ese asunto. Es por eso que, cuando los que se oponen a las joyas se dan cuenta de que los argumentos bíblicos que usamos son débiles, de inmediato apelan a ‘dice la hermana White’. Pero, tarde o temprano, cada Adventista del Séptimo Día tendrá que preguntarse a sí mismo, ‘¿Usamos a Elena de White para interpretar el significado de las Escrituras, o usamos las Escrituras para interpretar a Elena de White?’ ” Elena de White complementa la Biblia. Ambos armonizan el uno con el otro; de otra manera, ella sería una profetisa falsa. “La Biblia debe ser vuestro consejero. Estudiadla y estudiad los testimonios que Dios ha dado, porque ellos nunca contradicen su Palabra”. El asunto no es quién interpreta a quién. Tanto la Biblia como el Espíritu de Profecía están de acuerdo.
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En otro caso cuando fueron atacados los escritos de Elena de White, escribió Ricardo Coffen en la revista Ministry en febrero de 2000: “Hace poco más de una década que los eruditos adventistas señalaron errores en los escritos, en forma especial en El Conflicto de los Siglos, a pesar de revisiones anteriores. A veces hallamos en sus relatos problemas técnicos en cuanto a la cronología. Quizás descubramos un problema con la manera como la Sra. de White interpreta un pasaje bíblico. A veces los lectores hallan algunos casos de errores científicos en los libros de la Sra. de White. En sus escritos también hay indicaciones de fallos teológicos. Podemos detectar cierto acondicionamiento cultural en algunos temas que trataba. Su sugerencia que en Apocalipsis 13 deberíamos ver aspectos de que los EE.UU. cumple un papel especial en un área que no estaba habitada – una nación que surgió de la ‘tierra’ y no del
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‘mar’ – parece hacer eco del concepto del destino manifiesto que sostenían muchos americanos de ese período. Las ‘normas’ de la conducta cristiana de no jugar a los naipes, no bailar, no asistir al teatro, eran parecidas al metodismo que ella había abandonado. Aunque en su desarrollo de la reforma pro salud ella indicó una independencia definida, los estudios han mostrado que algunas de sus ideas se concordaban casi palabra por palabra a lo que algunos contemporáneos habían escrito”. Lo que Coffen está diciendo es que los escritos de Elena de White no son confiables en cuanto a la historia, la cronología, la ciencia y la teología. Él dice que ella fue influenciada por su cultura, su crianza metodista, y que ella copió las ideas de otros. En la fecha cuando escribió esto, Coffen era vice presidente de los servicios editoriales en la casa editora Review and Herald.
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Con razón tantos de nuestros ministros la han rechazado, o por lo menos tienen dudas serias en cuanto a sus escritos. Dos años y medio después, el Espíritu de Profecía fue atacado de nuevo, esta vez de parte del Dr. Samuele Bacchiocchi, anteriormente un profesor de teología en Andrews University. En su carta circular Endtimes de agosto de 2002, él dedicó bastante tiempo a sembrar dudas sobre el Espíritu de Profecía, porque contradecía su nueva opinión en cuanto a la profecía de los 1260 días. Claro que estuvo listo para decirle a sus lectores que él tenía un profundo respeto por Elena de White. Pero, ¿hasta dónde llegó su respeto? Como Daniells y Lacey en el congreso del 1919, y como Desmond Ford, Bacchiocchi relegó sus escritos a material devocional. Nótese lo siguiente: “Elena de White habla a las necesidades espirituales
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de nuestras almas mejor que otros escritores contemporáneos. El papel importante que juega Elena de White en nuestras vidas devocionales debe servir para disipar el alegato que yo no respeto a Elena de White porque he presentado una nueva interpretación para la profecía de los 1260 días”. Después de haber asegurado a sus lectores que él respetaba a Elena de White porque leía sus libros devocionales, inmediatamente comienza su ataque. “El asunto es, ¿Excluye el respeto hacia la autoridad de Elena de White cualquier investigación nueva de los temas bíblicos o históricos tratados en sus escritos? ¿Se consideró Elena de White como la autoridad final final e infalible sobre las interpretaciones proféticas, exegéticas, teológicas e históricas? ¿Esperaba ella que los adventistas aceptasen cualquier cosa que ella escribiese sin dudar”? Podríamos hacer las mismas preguntas de los escritores de la Biblia. ¿Esperaba Moisés que las generaciones futuras creyesen todo lo que él escribió,
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incluyendo su informe sobre la creación del mundo? Claro que sí. ¿Esperaba Pablo que la gente que viviese en el siglo 21 creyese todo lo que Dios le reveló a él? Sí. ¿Por qué no esperaría Elena de White que nosotros creyésemos todo lo que ella escribió? Según su propio testimonio, ella nunca contempló la idea que la luz que ella había recibido fuese dudada. Nótese lo siguiente: “La hermana White no es la generadora de estos libros. Ellos contienen la instrucción que Dios le ha estado dando al desempeñar su labor. Ellos contienen la preciosa, reconfortante luz que Dios en su misericordia le ha dado a su sierva para dar al mundo. Esta luz debe brillar de sus páginas a los corazones de los hombres y mujeres, guiándolos al Salvador”. Y vuelve a escribir: “En la antigüedad Dios habló a los hombres por la boca de los profetas y apóstoles.
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En estos días les habla por los Testimonios de su Espíritu. Nunca hubo un tiempo en que Dios instruyera a su pueblo más fervientemente de lo que lo instruye ahora acerca de su voluntad y de la conducta que quiere que siga”. No hay diferencia entre la manera como Dios habló a los profetas en los tiempos bíblicos y cómo le habló a Elena de White. Bacchiocchi sigue su ataque al al Espíritu de Profecía mencionando los mismos asuntos que Coffen había presentado dos años antes en la revista Ministry. Después de mencionar la revisión y supuestos errores en el libro El Conflicto de los Siglos, él dice: “Si Elena de White viviese hoy en día, ¿aceptaría ella gustosamente l a ayuda de eruditos competentes dispuestos a corregir el resto de las inexactitudes en El Conflicto de los Siglos y en otras publicaciones? No hay motivo para pensar de otra manera, porque ella era una mujer que reconocía sus limitaciones y estaba
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comprometida a la búsqueda de la verdad. De mi parte, gustosamente le ofrecería mis servicios, porque nunca puedo dejar de agradecer a Dios por las incalculables contribuciones que ella hecho a mi vida espiritual y al mensaje y la misión de nuestra iglesia adventista”. Claro que a los eruditos incompetentes como él mismo, Ford y otros maestros de la nueva teología, les encantaría corregir lo que ellos creen son inexactitudes en sus escritos. Pero podemos darle gracias a Dios que su Palabra perdurará hasta el fin. Todos estos ataques a Elena de White impactaron a los ministros y dirigentes Adventistas del Séptimo Día. En 2004, se celebró una cumbre en Avondale College, Australia. Asistieron más de 100 administradores, educadores y ministros de la iglesia, supuestamente para entender mejor el papel y ministerio de Elena de White. Uno supone que a estas alturas,
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los dirigentes de la iglesia ya deben tener un entendimiento claro de su papel y ministerio profético. La revista semanal de la División del Pacífico Sur llamada RECORD, publicó una serie de 4 partes sobre la cumbre. En el número del 21 de febrero de 2004, un artículo titulado “Los dirigentes de la iglesia reconsideran a Elena de White”, mencionó que “El propósito de esta cumbre es informar a la gente en cuanto a los desafíos que tenemos con Elena de White, y el desarrollo que tenemos en la investigación de Elena de White durante las últimas pocas décadas”. El artículo seguía diciendo: “Al reflexionar sobre la crítica de errores en sus escritos, el Dr. Graeme Bradford,catedrático de la facultad de teología en Avondale College, sugiere un enfoque distinto. ‘Quizás deberíamos cambiar el enfoque y preguntar, ¿Cómo pudo haber escrito una mujer tanto sobre tantos temas y equivocarse tan pocas veces’ ”? ¿Podríamos aplicar
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el mismo razonamiento a los escritos de Moisés o Pablo? ¿Cuál sería el resultado? En la misma edición, el artículo “Elena de White para hoy – 3” sembró dudas sobre las declaraciones históricas en el libro El Conflicto de los Siglos. El Dr. Arthur Patrick nota que Elena de White “no estaba escribiendo historia; ella la estaba interpretando”. Esto discrepa claramente con el testimonio de Elena de White. Ella escribió: “En la visión que recibí en Lovett’s Grove la mayor parte de lo que había visto diez años antes concerniente al gran conflicto de los siglos entre Cristo y Satanás Satanás fue repetido, y se me instruyó a que lo escribiera. It was shown, too, that I should have Se me mostró que aunque debía luchar contra los poderes de las tinieblas, pues Satanás haría grandes esfuerzos para impedir esta tarea, debía poner mi confianza en Dios, y que los ángeles no me abandonarían en el conflicto”. Y escribió nuevamente: “Aprecio el libro El Conflicto de los Siglos más que la plata y el oro,
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y deseo grandemente que llegue a poder del pueblo. Mientras escribía el manuscrito de El Conflicto de los Siglos, a menudo era consciente de la presencia de ángeles de Dios. Y muchas veces las escenas acerca de las cuales estaba escribiendo me eran presentadas de nuevo en visiones nocturnas, de manera que resultaban frescas y vívidas en mi mente”. Entonces el entrevistador le preguntó a Arturo Patrick si se habían encontrado errores en los escritos de Elena de White. Patrick contestó: “Muchos. Pero, ellos se encuentran en los detalles, y no destruyen el panorama general, la interpretación importante. Permítame volver a reflejar la esencia de lo que un investigador cuidadoso escribió en su estudio doctoral a principios de la década de 1970. Elena de White aprendió la historia a través de medios ordinarios; a ella le fue revelada la actividad de Dios en la historia. Mientras aprendemos a apreciar mejor el modelo dado por Dios,
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la iglesia puede corregir el detalle, ahora que tiene un acceso mucho mejor a las fuentes de primera mano y a historiadores bien entrenados”. En otras palabras, ¡los eruditos creen que saben más que la profetisa, y que es hora de comenzar a corregirla! Los siguientes comentarios de Patrick repiten el argumento clásico que lo único que necesitamos es la Biblia. “Esta circunstancia nos ha hecho más conscientes de la esencia de sus escritos. Citemos a su nieto, Arturo White (cuando rememoraba el esfuerzo por fundar Loma Linda): ‘Los consejos del Espíritu de Profecía nunca fueron dados para reemplazar la iniciativa, el estudio, la fe o el trabajo duro. Al contrario, el Señor ha colocado delante de nosotros principios guiadores y ha dado precauciones necesarias. Todos han servido para guiar y proteger la iglesia en sus variadas actividades’. Esta percepción balanceada nos ayuda a sentir nuestra necesidad
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de ir a la Biblia como ‘nuestra regla de fe y práctica’, precisamente lo que con tanta frecuencia Elena de White nos instó a hacer”. Lo que decía Patrick es que no queremos que Elena de White impida que reinterpretemos las Escrituras, como el juicio investigador. El papel de ella sólo consistía en proveer principios guiadores. Sin embargo, nótese cuál fue el testimonio de ella misma: “Debemos seguir las directivas dadas por el Espíritu de Profecía. Debemos amar la verdad presente y obedecerla. Esto nos preservará de aceptar graves engaños. Dios nos ha hablado por su Palabra, por los testimonios enviados a la iglesia y por los libros que han contribuido a explicar nuestro deber presente y la posición que debiéramos ocupar actualmente”. Al relatar la manera cómo fueron establecidas nuestras doctrinas fundamentales, Elena de White escribió: “En aquel tiempo [después del chasco de 1844]
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se nos presentaba un error tras otro; ministros y médicos traían nuevas doctrinas. Solíamos escudriñar las Escrituras con mucha oración, y el Espíritu Santo revelaba la verdad a nuestras mentes. A veces dedicábamos noches enteras a escudriñar las Escrituras y a solicitar fervorosamente la dirección de Dios. Se reunían con este propósito grupos de hombres y mujeres piadosos. El poder de Dios bajaba sobre mí, y yo recibía capacidad para definir claramente lo que era verdad y lo que era error. Al ser así delineados los puntos de nuestra fe, nuestros pies se asentaron sobre un fundamento sólido. Aceptamos la verdad punto por punto, bajo la demostración del Espíritu Santo. Yo solía quedar arrobada en visión, y me eran dadas explicaciones. Me fueron dadas ilustraciones de las cosas celestiales y del santuario, de manera que fuimos colocados donde la luz resplandecía sobre nosotros con rayos claros y distintos”.
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Finalmente, sólo cinco años antes de morir, ella escribió: “He escrito mucho en el diario que he llevado en todos mis viajes, y que debe ser presentado ante el pueblo en lo que sea esencial, aunque no haya escrito una sola línea más. Quiero que aparezca lo que se considere de valor, porque el Señor me ha dado mucha luz que deseo que la gente tenga; pues hay instrucciones que el Señor me ha dado para su pueblo. Es luz que ellos deben poseer, línea sobre línea, precepto sobre precepto, aquí un poquito y allí otro poquito. Esto ha de ser presentado ahora delante del pueblo, porque ha sido dado para corregir errores sutiles y para especificar lo que es la verdad. El Señor ha revelado muchas cosas que señalan la verdad, diciendo: ‘Este es el camino, andad por él’ ”. Si Elena de White recibió tanta luz sobre asuntos de la historia, la cronología, la salud, la ciencia y la teología, ¿cómo es posible dejar eso a un lado?
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¿Cuál habría sido el propósito de Dios al dar esa luz? Entonces el entrevistador del RECORD le preguntó a Patrick, “De manera que Vd. sugiere que los escritos de Elena de White tienen un propósito más elevado, un papel más exigente que ser una enciclopedia sobre la alimentación, enfermedades y detalles de la vida saludable”. Podemos adivinar cuál habrá sido la respuesta. Pero, permítanme leérsela. “Mucho más exigente, mucho más significativo. Elena de White ofrece sentido – el motivo por el cual Dios desea que vivamos saludablemente. Una vez establecidos los principios guiadores, la ciencia nos puede ayudar con los detalles de cómo ser vegetarianos balanceados, cuánto sueño necesitamos bajo circunstancias precisas en vista de nuestra edad y factores relacionados, o calcular las respuestas a todo una hueste de otros asuntos”. Nótese cuán peligroso es este tipo de razonamiento. Por ejemplo, si aplicásemos el mismo razonamiento al relato de Génesis, la comunidad científica rápidamente diría
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que no fue la intención de Moisés que lo tomásemos literalmente. Él sólo nos estaba dando principios guiadores para poder entender la creación del mundo. Jamás se debe colocar la ciencia moderna por encima de la Palabra de Dios. Hoy en día, existen opiniones conflictivas en la industria de la salud que hacen casi imposible saber quién tiene razón. ¿No sería mejor escuchar lo que Dios ha revelado? Sólo deberíamos pedir consejo del mundo cuando Él no ha hablado en cuanto a un tema en particular. La pregunta principal que debemos hacernos es si Elena de White fue una profetisa de Dios o no. Ella escribió con sus propias palabras: “Una de dos: o Dios enseña a su iglesia, reprende sus malas acciones y refuerza su fe, o no lo hace; Esta obra o es de Dios, o no lo es. Dios no colabora con Satanás. Mi tarea durante los últimos treinta años lleva el sello de Dios o el del enemigo.
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En este asunto no se va a medias. Los Testimonios son del Espíritu de Dios o del demonio”. También escribió: “Si los Testimonios no hablan según la Palabra de Dios, rechazadlos. No puede haber unión entre Cristo y Belial”. Elena de White no temía confrontar a sus críticos. Ella sabía que Dios era el Autor de sus escritos. “El Espíritu Santo es el Autor de las Escrituras y también del Espíritu de Profecía”. Vemos con mucha tristeza que tantos en la Iglesia Adventista del Séptimo Día ya no creen esto. Sin embargo, ¿qué hemos de esperar? La iglesia se encuentra en un estado laodicense, y no le agrada que se le diga cuál es su verdadera condición. Es rica y se ha enriquecido. Hola, Ernie. ¿Qué tal te fue? Isabel, el asunto va mal, muy mal. La nueva teología va desenfrenada por el adventismo. Han cambiado el significado del pecado,
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y eso ha llevado a un cambio en la naturaleza humana de Cristo. Eso ha cambiado nuestro entendimiento de la salvación, incluyendo la justificación por la gracia. Y lo peor de todo, el juicio investigador, la doctrina céntrica de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ha sido cambiada fundamentalmente. ¡Ay! Pero no es sorprendente, ya que muchos de nuestros dirigentes y maestros han dejado de confiar en el Espíritu de Profecía. Sí. ¿Sabes? Elena de White advirtió que una vez que se dudase el Espíritu de Profecía, entraría en la iglesia una corriente de error. Así es. En mi investigación hallé que ha habido un ataque implacable sobre Elena de White. El primer ataque importante se llevó a cabo sólo cuatro años después de su muerte, y ocurrió simultáneamente afuera y dentro de la iglesia. Eso es muy cierto. Sí, lo es. Y, ¿puedes adivinar cuál de sus libros está al centro de la mayoría de los ataques? Bueno, sólo hay un libro que yo sepa que Satanás hizo todo lo que pudo para impedir que fuese escrito, y ése fue El Conflicto de los Siglos. Tienes razón. Y no creo que sea una coincidencia
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que ese libro todavía esté al centro de los ataques de Satanás. Bueno, Isabel, me alegro tanto que Dios nos advirtió de lo que vendría. Ciertamente, estamos en el tiempo de la omega de las herejías. Bueno, creo que mejor nos vayamos. ¿Qué opinas? Me parece bien. Gracias. En nuestro episodio siguiente: Resulta que el comité original que trabajó en la preparación de esta creencia habían escrito diciendo, “seis días literales y consecutivos”. Pues, ¿qué pasó? ¿Cómo cambió y por qué? Los eruditos como Fritz Guy recibieron la luz verde para adoctrinar la iglesia con opiniones erróneas sobre la creación y la edad de la tierra. Su respuesta muestra su verdadera posición. Él puede afirmar que es un Adventista del Séptimo Día, pero sus creencias no armonizan con el adventismo. Bajo la dirección de Clifford Goldstein, el redactor de las lecciones de la Escuela Sabática, y L. James Gibson, el colaborador principal, el folleto de la Escuela Sabática guió a quizás millones de Adventistas del Séptimo Día desprevenidos a aceptar este punto de vista de la creación.
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Nótese el testimonio de Dios mismo sobre el asunto. Él nos dice que Él creó los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay en seis días literales.

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